Techint y CGC, accionistas de TGN, se posicionan en una nueva etapa del negocio gasífero: ampliar el transporte hacia el norte del país y abrir una vía exportadora al mercado brasileño.
El próximo capítulo del gas argentino empieza a tomar forma alrededor de la infraestructura. Con la producción de Vaca Muerta en crecimiento, el desafío ya no pasa solamente por extraer más, sino por contar con ductos, capacidad de transporte y contratos que permitan llevar ese gas hacia los grandes centros de demanda y hacia mercados regionales.
Según publicó Clarín, Paolo Rocca y Eduardo Eurnekian se posicionan en ese nuevo negocio a través de su participación en Transportadora de Gas del Norte (TGN), una de las compañías centrales del sistema troncal argentino.
La empresa tiene como accionista controlante a Gasinvest, sociedad integrada por Tecpetrol, del grupo Techint, y Compañía General de Combustibles, ligada a Corporación América. Desde esa estructura, ambos grupos empresarios aparecen vinculados al proyecto de ampliar el transporte de gas hacia el norte del país y, eventualmente, hacia Brasil.
El punto de partida es la Reversión del Gasoducto Norte, una obra que permitió modificar el sentido del flujo para abastecer al norte argentino con gas proveniente de la Cuenca Neuquina, en reemplazo del gas boliviano que históricamente alimentó a esa región.
Ahora, el interés está puesto en una nueva escala: consolidar esa infraestructura, sumar capacidad y transformar el corredor norte en una vía con potencial exportador. Brasil aparece como el mercado más atractivo por volumen, demanda industrial y necesidad de diversificar su abastecimiento energético.
La alternativa no es única. El gas argentino podría llegar al país vecino mediante distintas rutas: utilizando infraestructura boliviana, a través del Gasoducto del Mercosur hacia Uruguayana o mediante nuevas ampliaciones que permitan garantizar volúmenes firmes y contratos de largo plazo.
En ese esquema, TGN tiene un rol clave. Su red conecta puntos estratégicos del sistema gasífero y puede convertirse en una pieza central para ordenar el transporte desde la producción hasta el norte argentino y los pasos de integración regional.
Para las empresas, el atractivo está en pasar de operaciones puntuales o estacionales a un negocio más estable: capacidad contratada, acuerdos firmes y previsibilidad para nuevas inversiones. Para el país, la oportunidad está en fortalecer el abastecimiento interno, reemplazar importaciones y abrir una nueva fuente de exportaciones energéticas.
El movimiento de Rocca y Eurnekian confirma que la competencia energética de los próximos años no estará solo en los yacimientos. También estará en los ductos, las plantas compresoras, las conexiones internacionales y la capacidad de convertir producción en divisas.
Desde la Patagonia, el proceso se observa como parte de un mapa más amplio. Río Negro ya se posiciona en la salida exportadora por el Atlántico con proyectos vinculados al petróleo y al GNL, mientras el gas neuquino también busca consolidar su ruta hacia el norte argentino y Brasil. Distintos corredores, una misma transformación: la infraestructura empieza a definir el nuevo negocio energético del país.





